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Salesianos de Don Bosco. Paraguay

Homilía de clausura del Capítulo Inspectorial 20



Homilía del Padre Inspector, Néstor Ledesma

3er domingo de Pascua (Jn 21, 1-19)
– Año de la misericordia –



Jesús resucitado sale al encuentro de la cotidianidad de sus discípulos, de nuestra vida. Esta nuestra cotidianidad hoy es celebrativa. Son 120 años de presencia del carisma salesiano en Paraguay. Esta celebración es también una invitación a la renovación, a un auténtico rediseño de corazón, mente y estructuras. En esta historia vemos la gloria del pasado y no pocas veces corremos el riesgo de quedar estancados en ella. Corremos el riesgo de mirar el presente y apenas reconocer que parece que nuestras redes no obtienen resultados, que están como vacías. Es como si estuviéramos pescando en la noche, pescar sin luz, pescar sin Cristo.

¿Tienen algo que comer?

Nuestro CI20 nos invita a mirar con mayor profundidad nuestra cotidianidad. En esta mirada resuena la pregunta de Jesús: ¿Tienen algo que comer? Jesús cuenta y necesita de nosotros. El rediseño es invitación del mismo Cristo para renovarnos, renovar nuestras comunidades desde su Palabra.

El tiempo pascual, la pascua de Cristo nos abre a creer en el paso a una nueva vida de nuestras comunidades. Hermanos y comunidades con vidas luminosas, alegres, llenas de esperanza y de luz que invitan al compromiso, a la entrega por y con los jóvenes. Para ello la meditación y la reflexión de este capítulo y las de la vida en nuestras comunidades en este tiempo nuevo que se abre nos empujan a ser comunidades en salida, en búsqueda, en encuentro para reconocer los gritos y las necesidades que generen en nosotros rupturas con lo antiguo, con lo de “siempre lo mismo”, y así echar de nuevo las redes para generar nuevos vínculos, nuevos lazos de cambio, de respuesta, de cercanía, de presencia entre los jóvenes. Una renovación que nos lleve al sueño de la profecía de la fraternidad.

Este capítulo nos ha llevado también a navegar las aguas de la revisión de nuestro caminar para reconocer en el horizonte la presencia cautivante de la fidelidad, de la creatividad en la construcción del reino de Dios, de nuestra santificación y de la salvación de los jóvenes. Hemos renovado nuestros directorios, caminos concretos de crecimiento y maduración en la fidelidad a nuestra misión. Hemos evaluado y proyectado las líneas del CG 27 en un claro camino de fortalecimiento de nuestro ser como místicos en el Espíritu, Profetas de fraternidad y siervos de los jóvenes.

Hemos renovado ante todo nuestro compromiso de seguir apacentando las ovejas. Esta tarea confiada por Dios a cada uno de nosotros necesita seguir creciendo en fidelidad y maduración, por ello necesitamos claridad siempre nueva en cuanto a los criterios, ya que no pocas veces las ideas de las ciencias humanas y otras ideas extrañas pueden confundirnos en cuanto a nuestra identidad en la Iglesia. Apacentamos las ovejas confiadas por Dios según los criterios del Evangelio, de las constituciones y de las necesidades de los jóvenes. Estas son las fuentes principales y más fidedignas para sentirnos seguros en el seguimiento de Cristo, la fraternidad en nuestras comunidades y la misión entre los jóvenes. 

Nuestro modo de vivir desde una tradición salesiana sustentada en estas fuentes nos ilumina y de ningún modo nos hace vivir como chatos, sino que nos abre a reconocernos pobres, felices y fraternos, entregados, servidores de los jóvenes. Tenemos un nuevo modelo apostólico de la presencia salesiana en Paraguay. Este modelo orientará nuestro modo de vivir y de servir, a los hermanos y a los jóvenes. Es importante que cada uno lo vaya estudiando pues este modelo marcará nuestro modo de estar presente junto a, por y con los jóvenes.

Este capítulo nos ha regalado la pascua eterna del Hno. Arsenio. Dios nos ha hablado de modo particular en este acontecimiento. ¿Qué nos ha dicho? Para mí nos ha invitado a recordar nuevamente la necesidad de vivir en una cultura vocacional. Queremos ser servidores de los jóvenes para que siendo significativos en sus vidas los ayudemos a acercarse más Cristo, puedan valorar su vida como llamado y se sientan promovidos a la entrega y al servicio. Esta cultura vocacional se hace creíble cuando en nuestras comunidades nos cuidamos y nos queremos. Nuestro testimonio fundamental vocacional más visible parece ser nuestra vida fraterna. Por otra parte, en esta cultura vocacional se hace necesaria una promoción más clara y decidida de la vocación salesiana del hermano coadjutor. Este es un compromiso muy particular que pido especialmente a los hermanos que podamos tener en cuenta y podamos dedicarle también nuestras mejores fuerzas.

Simón ¿me amas?

Por último, creo que el auténtico rediseño nos invita a que la vitalidad de nuestra fe no es asunto de comprensión intelectual sino de amor a Jesucristo. Lo que capacita para el cambio, la animación y orientación es el amor a Jesús. A medida que tomamos conciencia de la importancia del amor, Jesús nos va confiando el rebaño, su rebaño. Este amor se hacer fuerte en nosotros cuando se hace apertura al otro manifiesta en una actitud de confianza y entrega que va más allá de razones, pruebas y demostraciones. Amar es siempre un aventurarse en el otro. Nuestra fe es una experiencia de amor. Así el rediseño es mucho más que aceptar verdades y reconocer necesidades. Es hacer de nuevo de Cristo el centro de nuestro pensar, de nuestro querer y de nuestro modo de vivir.

10 de abril de 2016 – Cafasa, Ypacarai




Homilía de clausura del Capítulo Inspectorial 20 Reviewed by Don Bosco Paraguay on 10:54:00 Rating: 5

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