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Salesianos de Don Bosco. Paraguay

160 años de la muerte de Domingo Savio



Un 9 de marzo pero del año 1857 el pequeño Domingo Savio partía a la Casa del Padre. 

salesianos.org.py - La delicada salud de Domingo empezó a debilitarse y en 1857,  Don Bosco lo envió a Mondonio, con sus padres, para cambiar de aire. Los médicos diagnosticaron que padecía de una inflamación en los pulmones, es decir una pulmonía. Y decidieron sangrarlo, según se acostumbraba en aquella época. El tratamiento no hizo más que precipitar el desenlace. Domingo recibió los últimos sacramentos y, al anochecer del 9 de marzo, rogó a su padre que recitara las oraciones por los agonizantes. Ya hacia el fin, trató de incorporarse y murmuró: «Adiós, papá ... El padre me dijo una cosa ... pero no puedo recordarla . . .» De repente su rostro se transfiguró con una sonrisa de gozo, y exclamó: «¡Estoy viendo cosas maravillosas!» Esas fueron sus últimas palabras.

A continuación, te invitamos a hacer un recorrido por los lugares que marcaron la vida de Santo Domingo Savio.




Muy humildemente, Domingo solía decir desde el corazón: "Quizás no pueda hacer grandes cosas, pero  seguro que puedo hacer  las más pequeñas para la mayor gloria de Dios".



Tanto quería ser santo, que este deseo, hizo que al principio Domingo tomase caminos equivocados para ello. Así, Don Bosco le prohibió que hiciese cosas raras como meterse piedras en los zapatos, o garbanzos debajo de las sábanas de dormir,  diciéndole: "La penitencia que Dios quiere es la obediencia”. Cada día se presentan mil oportunidades de sacrificarse alegremente: el calor, el frío, la enfermedad, el mal carácter de los otros. La vida de escuela constituye una mortificación suficiente para ti".

Interior de la capilla donde fue enterrado Domingo Savio, en marzo de 1857.

Una noche fría de invierno Don Bosco encontró a Domingo temblando de frío en la cama, sin más abrigo que una sábana. "¿Te has vuelto loco? - le preguntó- Vas a coger una pulmonía." Domingo respondió: "No lo creo. Nuestro Señor no cogió ninguna pulmonía en el establo de Belén."



En cierta ocasión, Domingo desapareció durante toda la mañana hasta después de la comida. Don Bosco lo encontró en la iglesia, como si estuviera en otra dimensión, en profunda oración, con una postura muy poco confortable; aunque había pasado seis horas en aquel sitio, Domingo creía que aún no había terminado la primera misa de la mañana. Domingo llamaba a esas horas de oración intensa "mis distracciones": "Siento como si el cielo se abriera sobre mi cabeza. Tengo que hacer o decir algo que haga reír a los otros."









Imagen de la canonización de Santo Domingo Savio, el 12 de junio de 1954.



La causa de beatificación de Domingo se introdujo en 1914. Al principio despertó cierta oposición, por razón de la corta edad del santo. Pero el Papa Pío X consideró, por el contrario, que eso constituía un argumento en su favor y su punto de vista se impuso. Sin embargo, la beatificación no se llevó a cabo sino hasta 1950, dieciséis años después de la de Don Bosco.

Casa de Santo Domingo Savio.




Cuando Don Bosco empezó a preparar a algunos jóvenes para el sacerdocio, con la ilusión  de que le ayudaran en su trabajo en favor de los niños abandonados de Turín, el párroco de Domingo le presentó a Domingo. Don Bosco, en el primer encuentro que tuvieron los dos, se sintió muy impresionado. En pocos segundos se dio cuenta de que era un chico que tenía un don especial, era muy alegre y se notaba especialmente unido al Señor. Con tan solo 12 años, y con el consentimiento de sus padres, decidió quedarse en el oratorio con Don Bosco, en octubre de 1854.


Uno de los recuerdos imborrables que dejó Domingo en el Oratorio fue el grupo que él organizó. Se llamaba la Compañía de la Inmaculada. Sin contar todo lo que rezaban, el grupo ayudó a Don Bosco todo lo que necesitaba, hasta en el cuidado de los niños más difíciles. 





Lugar exacto de la muerte de Domingo Savio
Domingo dejaba encantados a sus compañeros, les contaba historias que todos escuchaban. Don Bosco alentaba su alegría, su estricto cumplimiento del deber de cada día y ese largo etcétera de virtudes admirables.
Capilla donde fue enterrado, en un principio, Domingo Savio
Poco después de su llegada al Oratorio, Domingo fue capaz  de impedir que dos chicos se peleasen a pedradas. Presentándoles su pequeño crucifijo,  sin importarles lo que comentaran los demás, les dijo: "Antes de empezar, mirad a Cristo y decid: ‘Jesucristo, que era inocente, murió perdonando a sus verdugos; yo soy un pecador y voy a ofender a Cristo tratando de vengarme deliberadamente’. Después podéis empezar arrojando vuestra primera piedra contra mí". Los dos chicos, más grandes que él, quedaron avergonzados de lo que estaban haciendo, y obedecieron admirados a Domingo.

Su fama fue creciendo, supo hacerse querer y respetar por sus compañeros. Y todo, por su gran personalidad, fuerte unión con el Señor, y coherencia de vida. Todo esto acompañado de una capacidad extraordinaria de hacerse amigos de todos, y de organizar lo que hiciera falta con tal de hacer el bien, ayudar a Don Bosco, y servir al Señor.

Santo Domingo Savio es patrono de las embarazas. Por ese motivo, el interior de su casa se encuentran agradecimientos y pedidos especiales de cientos de madres que se encomiendan al joven santo.


Reliquia de Santo Domingo Savio, en el lugar exacto donde partió a la Casa del Padre el 9 de marzo de 1857.

Interior de la cepillado donde fue enterrado Domingo Savio, en marzo de 1857.
Acta de nacimiento de Domingo Savio.




Fotografías: Andre Cherchi










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