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  Caacupé - El “rancho que camina” hacia la Virgen se resiste a desaparecer
2008-12-08
 
En el Paraguay, cuando la Virgen convoca a sus devotos, no importa el medio con tal de decirle presente en su día. Esta es la razón que mueve a la familia Ferrer, de la ciudad de Guarambaré, para renovar cada año aquella antiquísima estampa del “rancho que camina” y que llega a Caacupé para agradecer por los favores recibidos.

La caravana de seis carretas se aproxima a la Villa Serrana. Antes eran más de noventa los medios de tracción a sangre que llevaban a los peregrinos junto a la Virgen.

“Desde que nací acompaño a mi familia en esta caravana. Es una tradición que se repite cada año. Mis abuelos ya venían en peregrinación y con ellos mi mamá, mis tías”, nos dijo Cinthia Ramírez, una madre descendiente de la familia Ferrer que cada ano renueva la tradición de peregrinar en carreta desde Guarambaré hasta Caacupé.

Esta forma de ir junto a la Virgen surgió hace años en tiempos en que escaseaban los vehículos. Entonces las familias de la comunidad se juntaban y se preparaban para ir a Caacupé. “El carro era el vehículo más eficaz para llegar en familia e íbamos a Caacupé para agradecer a la Virgen por todos los favores que recibimos, como la salud y el pan de cada día”, sostuvo Ramírez.

La caravana comenzaba al atardecer de cada 5 de diciembre y llegaba al mediodía del 6 a la Villa Serrana.

Ramírez relató que antes los caminos eran de tierra, había mucha oscuridad, pero estos obstáculos nunca frenaron el deseo de estar al lado de la Virgen en su día.

Recordó que una vez partieron desde Guarambaré 32 carros. Cada carreta representaba a una familia. Era todo un acontecimiento ir a Caacupé. “Hoy, en cambio, muchas de esas familias siguen viniendo, pero ya en auto o camioneta, mas nosotros queremos seguir manteniendo esta tradición de llegar en nuestros carros”, indicó.

Cinthia es hija de Reina Ferrer. Esta última es la que hasta ahora hace todo lo imposible para que esta tradición y estampa de nuestras campiñas no desaparezca. La familia Ferrer-Ramírez participará de la misa de hoy, mañana y del lunes, día de la Virgen, y al término de la celebración principal emprenderán el retorno a Guarambaré.

Hoy los Ferrer deben alquilar las carretas para que los otros miembros también se unan a la caravana, porque ya no se cuenta con los suficientes medios de otros tiempos.

Antes ir en carreta a Caacupé era una verdadera competencia. Todos querían tener la mejor movilidad, y adornaban, se buscaban los más grandes bueyes, con los cuernos más vistosos, y todos estos atractivos daban un gran brillo a la peregrinación.

En las carretas se llevan los víveres. Además ayuda a aliviar el cansancio.
En el campo no solo las personas se encomendaban a la Virgen, también se pedía por la salud de los bueyes, que eran los compañeros de trabajo. Si estos se enfermaban o tenían algún problema, se ofrecían a la Virgen, y si sanaban formaban parte de las peregrinaciones.

Ramírez mencionó que una vez su tío utilizó dos yuntas de bueyes y preparó una carreta tan grande porque dijo que recibió una gran bendición.

Las carretas, además de transportar a la gente, llevan colchones, abrigos, sillas, termos, milanesa, enrollados y agua, entre otros víveres, para abrigar y alimentar a los peregrinantes.

Antes se llevaban gallinas en jaulas y un cerdo, que luego se faenaban para compartir entre todos. Todos estos alimentos se traían porque había muy pocos negocios hace 40 ó 30 años.

La intención de los guarambareños es que esta forma de peregrinación nunca termine, según nos dijo Reina Ferrer, una de las pioneras y con varias peregrinaciones en su haber.

La matrona recordó que antes no solo los guarambareños llegaban en carreta, Había pobladores de Villeta, Nueva Italia, Quiindy y de otras localidades, que luego se juntaban para formar la gran caravana. Una vez llegaron a contar más de 90 carretas, que en columna arribaban el cerro y luego acampaban alrededor del templo. Era impresionante la escena.

La peregrina cree que es la fe la que mueve a mantener esta tradición, “y el sacrificio que se hace para estar junto a la Virgen, el respeto que le tenemos, queremos transmitir a los hijos para que ellos también puedan agradecer a Dios por la vida. Yo soy una agradecida porque hasta ahora ningún miembro ha manchado a la familia”, dijo finalmente.




Autor: Aníbal Modesto Velázquez

Fuente: ABC Color
 
 
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