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| Pedro Sildulfo Solís Duarte, 1931-2009 |
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| 2009-04-12 |
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Persona de una sola pieza; profundamente espiritual, llena de la sabiduría de Dios, humilde, sencillo y sincero; respetuosa de la opinión de los demás. Perseverante. Buen pastor de las almas; buen amigo, amante del campo. Devoto de la Virgen y de Don Bosco. Prudente y fiel.
Al medio día del viernes santo de este año 2009, fue llamado a la casa del Padre. Había venido 4 meses antes desde el Chaco para hacerse unos estudios médicos por los fuertes dolores que sentía a la altura del estómago –cáncer de páncreas-. Con profunda resignación se dispuso serena y firmemente en las manos de Dios, edificando los médicos y a los hermanos de la Casa Inspectorial.
Metódico como fue durante toda su vida, arregló y preparó todo lo necesario, para disponerse material y espiritualmente al encuentro con el Señor. Sufrió mucho, pero su muerte fue serena y ejemplar. El sábado de la sepultura de Jesús numerosos familiares, hermanos salesianos, exalumnos y amigos lo acompañaron sentidamente en su viaje de retorno a la casa del Padre.
Familia profundamente cristiana
El Padre Solís nació en Quyquy’ó, departamento de Paraguarí, diócesis, entonces de Villarrica, el 14 de marzo de 1931. Fueron sus Padres don José Dolores Solís y Antolina Duarte, católicos auténticos y de influencia notoria en ese pueblo. En su parroquia del Niño Jesús fue bautizado y confirmado por el célebre pastor el obispo Juan Sinforiano Bogarín. Recibió en ese ambiente una acendrada formación cristiana campesina, que lo acompañó durante toda la vida.
En contacto con el padre salesiano Arnaldo Lévera, que recorría apostólicamente los pueblos del interior, como director y amigo de las familias cuyos hijos frecuentaban la escuela agrícola salesiana de Ypacarai, ingresó como alumno, ya muchacho de 15 años en la misma –desde 1946 al 1949.
Obtuvo con destacada actuación el título de perito agrónomo. Y ante el ejemplo de sus maestros salesianos, pidió seguir la vocación en el incipiente Aspirantado “Domingo Savio”, junto con su compañero de curso el P. Néstor González, en diciembre de 1948.
En 1949, con gran esfuerzo cursó el primer de Latín. En febrero del año siguiente 5 de esos alumnos, de los cuales 4 llegaron al sacerdocio, pasaron al gran Aspirantado de Vignaut, en la provincia de Córdoba, Argentina. Las casas salesianas del Paraguay pertenecían entonces a la Inspectoría del Litoral, Rosario.
Su formación salesiana
En Vignaut realizó los dos años del bachillerato. Se destacó como un aspirante disciplinado, piadoso y muy dedicado. En 1952 pasó al noviciado de Alvear, Rosario, bajo la guía del conocido maestro Ángel Butto, profesando del 31 de enero de 1953.
Como era de rigor, volvió a Vignaut, donde hizo con esfuerzos y con total aceptación los tres años de filosofía. Su primera obediencia para el tirocinio práctico, lo envió al nuevo colegio para agrícolas “Carlos Pfannl” de Cnel. Oviedo. Fue uno de los salesianos que más perseveró en la preparación humana y salesiana de los jóvenes del campo, trabajando siempre en las escuelas agrícolas, parroquia rural y sus últimos años, como misionero en el Chaco. Los 4 años de teología los cumple en el Instituto Internacional de Villada, Córdoba.
Ordenación sacerdotal
En abril del último año recibía el diaconado. Y el 22 de setiembre de 1962, tras su exquisita preparación personal, era ordenado sacerdote, con una veintena de compañeros. Entre argentinos de 5 inspectorías y uruguayos, eran 4 los paraguayos: Carlos Giacomuzzi, Enrique Bobadilla y los dos “hermanos del alma” Néstor González y Pedro Solís.
Nuevamente recibe con gusto su obediencia como sacerdote para trabajar en el Instituto Agropecuario Salesiano Carlos Pfannl con el cargo de consejero escolástico y encargado de trabajos de campo desde 1963 hasta 1976. Era de fuerte salud física, hábil futbolista y profundamente conocedor de los trabajos del agro. Sus exalumnos de tantas generaciones lo recuerdan con extraordinario cariño.
En 1977, durante 4 años, es destinado para el Oratorio y trabajos edilicios de la Parroquia suburbana “Santo Domingo Savio”. A principios de 1981, por 6 años, trabajó apostólicamente como Cura párroco itinerante en el sector rural de la extensa Parroquia “María Auxiliadora” de Concepción.
Unos 15 lugares que tenían sus respectivas capillas constituían el recorrido que debía hacer el P. Solís en períodos constantes, para ir catequizando y administrando los sacramentos. Era un ejemplo de pastoral rural que habían formado los grandes salesianos como los PP. Sebastián Pinto, Marcelino Medina, Sandalio Arguello entre otros y, de cuyos frutos, salieron numerosas vocaciones para la vida sacerdotal y religiosa.
En 1987 al 1993 vuelve nuevamente a su primer amor, el IAS Carlos Pfannl, donde trabaja como ecónomo consejero y luego párroco y confesor. De allí es destinado al nuevo sector de obra salesiana de Minga guazú en el Alto Paraná. Recorrió las “calles” y las numerosas capillas educando y evangelizando con el corazón de Don Bosco y el Auxilio de la Patrona del Agro del Alto Paraná. Estando allí, el P. Solís se ofreció al Obispo de Chaco para dedicar sus años más maduros en las misiones.
Fue enviado por el Mons. Zacarías Ortiz como director de la Escuela Mons. Alejo Obelar de Ñú Apu’a, único centro misionero en el interior del Chaco a unos 70 km del Río Paraguay, para la formación de los hijos de los peones de estancias y de los niños y jóvenes indígenas. Una hermana salesiana expresó, como testimonio, que el P. Solís fue un verdadero papá de esos niños chaqueños.
Años después fue destinado a la alejada población y parroquia ribereña de Bahía Negra. Los tres últimos años los vivió en Olimpo. En diciembre del 2008, cuando se preparaba para formar parte de la Comunidad Salesiana de Carmelo Peralta empezó a sentir fuertes dolores, a causa de un terrible cáncer, que lo llevó hasta la tumba. Ante la inminencia de la partida a la casa del Padre, se preparó con diligencia en todos los aspectos de su vida. Arregló hasta los mínimos detalles y se puso a disposición de la divina providencia.
El día sábado, durante el Responso, varios hermanos salesianos, hermanas Hijas de María Auxiliadora, familiares, exalumnos y amigos dieron testimonios de su vida vivida salesianamente: Un salesiano sin doblez, humilde y entregado a su misión. Su vocación fue un gran regalo de Dios a la Inspectoría salesiana del Paraguay.
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