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| Semana Santa: La Iglesia necesita purificarse, afirma Benedicto XVI en el Domingo de Ramos |
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| 2008-03-18 |
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Al recordar la purificación de los mercaderes del
templo de Jerusalén
CIUDAD DEL VATICANO, 16 marzo 2008 - Benedicto XVI
comenzó la Semana Santa en este Domingo de Ramos
constatando que la Iglesia necesita purificar los «abusos» que
todavía hoy se dan en su interior.
En la homilía comentó el pasaje evangélico de la entrada de
Jesús a Jerusalén, entre la muchedumbre que lo aclamaba,
pero llegar al Templo encontró a los comerciantes de animales
y agentes de cambio que profanaban el lugar de oración.
«Todo esto debe hacernos reflexionar hoy a nosotros, como
cristianos --pidió--: nuestra fe ¿es suficientemente pura y
abierta, de forma que ante ella aun los "paganos", las personas
que están en búsqueda y plantean preguntas, puedan intuir la
luz del Dios único, uniéndose en los atrios de la fe a nuestra
oración y con sus preguntas llegar a ser, también ellos adoradores?»
«¿La conciencia de que la avidez es idolatría, llega también a
nuestro corazón y nuestra forma de vivir?», siguió preguntando.
«¿No dejamos, quizá, de distintas formas, que los ídolos entren
en el mundo de nuestra fe?»¸ insistió. ¿Estamos dispuestos a
dejarnos purificar constantemente por el Señor, permitiéndole
que expulse de nosotros y de la Iglesia todo lo que está en
contra de Él?».
«En la purificación del templo, no se trata sólo de una lucha
contra los abusos», ha recordado el pontífice.
«Al comercio de los animales y a los negocios con dinero,
Jesús contrapone su bondad sanadora. Ésta es la verdadera
purificación del templo. Él no viene como destructor; no viene
con la espada del revolucionario. Viene con el don de la sanación»,
aclaró.
«Se dedica a aquellos que, debido a su enfermedad, son
empujados al extremo de su vida y al margen de la sociedad.
Jesús muestra a Dios como el que ama y su poder como el
poder del amor. Así, nos dice lo que forma parte para siempre
del culto justo de Dios: curar, servir, la bondad que sana».
Recordando que quienes aclamaron a Jesús en la entrada
triunfal fueron los niños, explicó que para ser como ellos hay
que «abandonar la soberbia».
«Él mismo, que abraza al mundo entero, se hizo pequeño para
salir a nuestro encuentro, para encaminarnos hacia Dios. Para
reconocer a Dios debemos abandonar la soberbia que nos
deslumbra, que quiere alejarnos de Dios, como si Dios fuera
un contrincante nuestro».
«Para encontrar a Dios hay que ser capaces de ver con el
corazón --insistió--. Debemos aprender a ver con un corazón
de niños, un corazón joven, que no tiene obstáculos de prejuicios
y no está deslumbrado por intereses».
El obispo de Roma alentó a los presentes a unirse «a la
procesión de los jóvenes de entonces, una procesión que
atraviesa toda la historia».
«Junto con los jóvenes de todo el mundo vayamos al encuentro
de Jesús. Dejémonos guiar hacia Dios, para aprender de Dios
mismo el recto modo de ser hombres».
«Con Él demos gracias a Dios, porque con Jesús, el Hijo de
David, nos ha donado un espacio de paz y de reconciliación
en la Santa Eucaristía que abraza al mundo. Roguémosle
para que también nosotros podamos ser --con él y a partir de
Él-- mensajeros de su paz, adoradores en Espíritu y en Verdad,
para que en nosotros y al rededor nuestro crezca su Reino»,
concluyó.
La celebración del inicio de la Semana Santa había comenzado
con la bendición de los ramos y la procesión, desde el obelisco
de la Plaza de San Pedro hasta el altar instalado en el atrio de
la Basílica de San Pedro.
En la procesión, acompañaron al Papa cardenales, obispos
270 jóvenes (170 italianos y 100 del resto del mundo), pues en
este día la Iglesia celebraba a nivel diocesano la Jornada
Mundial de la Juventud.
Fuente: Zenit
Publicado: 17/03/2008
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