“Una pregunta obligada para los formadores de Seminarios debería ser siempre ésta: Si estamos formando para lo arduo, o sea para ir en sentido contrario a la gran corriente del mundo, o si acaso no estaremos veladamente favoreciendo una espiritualidad edulcorada, que ignora la cruz y la paradoja del cristianismo, la lógica de la pequeñez del grano de mostaza y la fecundidad de la muerte del grano de trigo”, interpeló el obispo auxiliar de La Plata, monseñor Antonio Marino, en la misa de clausura del XVI Encuentro Nacional de Sacerdotes Formadores, que se realizó la semana pasada en el Seminario Nuestra Señora de la Merced y San José, de Tucumán.
La Eucaristía fue concelebrada por el arzobispo de Tucumán, monseñor Luis Villalba; el obispo auxiliar de Mendoza, monseñor Sergio Buenanueva, y cerca de 80 sacerdotes que participaron de esa reunión anual para debatir el tema “La formación sacerdotal y la vinculación que existe entre las etapas inicial y permanente”.
El prelado platense afirmó que “si la inserción del Evangelio en el corazón profundo de la cultura circundante es una ley intrínseca al mensaje universal de Cristo, no olvidemos por ello que la fidelidad al Maestro y a la verdad objetiva, puede convertirnos, en un sentido, en contra-culturales. Así nos lo demuestran las generaciones de mártires desde los primeros siglos hasta la actualidad”.
Recordó al cardenal Eduardo Pironio al cumplirse 12 años del fallecimiento, a quien consideró “un gran figura eclesial”. Asimismo, estimó “imposible olvidar su paso por el Seminario de Buenos Aires durante los tres años en que lo tuvimos como Rector. Imborrable el recuerdo que dejó en el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) como secretario general y luego como presidente, creando siempre un oasis de Evangelio y de amor a la Iglesia, en medio de agrios debates y discusiones”.
Tras asegurar que “el ejemplo de su vida y la luz de sus escritos impregnados de sólida teología y de profunda experiencia espiritual, quedarán como faro orientador para las generaciones venideras. Tenemos allí mucha riqueza para seguir espigando”, señaló que “no menos imborrable fue su paso por la Curia Romana, como Prefecto de la Congregación de Religiosos, en tiempos de gran oscuridad, y su trabajo a favor de los laicos al frente del respectivo dicasterio”.
Por último, monseñor Marino sostuvo que “de este siervo de Dios, podemos decir que fue el hombre de todos y de ninguno. Su plena pertenencia a Cristo y su incondicional fidelidad a la Iglesia lo volvieron muy libre. Todos podían sentirse a gusto con él, no porque fuese un fácil componedor, sino porque la gracia lo había vuelto acogedor y pobre. Por eso pudo acuñar esta frase: “pobre es aquél con quien los demás pueden sentirse a gusto”. Si alguien pretendiera encerrarlo en los estrechos moldes de sus propias opciones, se expondría fácilmente al ridículo”.+ |