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  Benedicto XVI exhorta a sacerdotes a vivir fidelidad en la Iglesia Católica
2010-05-14
 
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Al presidir el rezo de las Vísperas de la Fiesta de la Virgen de Fátima, con los sacerdotes, religiosos y consagrados en la Iglesia de la Santísima Trinidad en Fátima, el Papa Benedicto XVI alentó a cuantos entregan su vida a Cristo y a la Iglesia en el servicio a los demás a vivir intensamente la fidelidad, alentándose mutuamente y promoviendo también las vocaciones sacerdotales.

Tras agradecer a quienes han trabajado por la organización de este encuentro, el Santo Padre se dirigió a los presentes, "que han entregado sus vidas a Cristo" y les expresó "el aprecio y el reconocimiento de la Iglesia. Gracias por el testimonio a menudo silencioso y para nada fácil; gracias por la fidelidad al Evangelio y a la Iglesia".

"Permítanme que les abra mi corazón para decirles que la principal preocupación de cada cristiano, especialmente de la persona consagrada y del ministro del Altar, debe ser la fidelidad, la lealtad a la propia vocación, como discípulo que quiere seguir al Señor. La fidelidad a lo largo del tiempo es el nombre del amor; de un amor coherente, verdadero y profundo a Cristo Sacerdote".

Seguidamente el Papa se refirió al Año Sacerdotal que está pronto a terminar e hizo votos para que "descienda sobre todos ustedes abundantes gracias para que vivan el gozo de la consagración y testimonien la fidelidad sacerdotal fundada en la fidelidad de Cristo".

"Esto supone evidentemente una auténtica intimidad con Cristo en la oración, ya que la experiencia fuerte e intensa del amor del Señor llevará a los sacerdotes y a los consagrados a corresponder de un modo exclusivo y esponsal a su amor", explicó.

Tras resaltar la profunda vivencia del amor en el Santo Cura de Ars, el Papa comentó lo importante que es el testimonio actualmente los sacerdotes y consagrados y pidió a los presentes considerar "la extraordinaria gracia del sacerdocio. La fidelidad a la propia vocación exige arrojo y confianza, pero el Señor también quiere que sepan unir sus fuerzas; muéstrense solícitos unos con otros, sosteniéndose fraternalmente".

"Estén particularmente atentos a las situaciones que debilitan de alguna manera los ideales sacerdotales o la dedicación a actividades que no concuerdan del todo con lo que es propio de un ministro de Jesucristo. Por lo tanto, asuman como una necesidad actual, junto al calor de la fraternidad, la actitud firme de un hermano que ayuda a otro hermano a ‘permanecer en pie’", exhortó.

Asimismo animó a mantener "en el interior y en el entorno la tensión de suscitar entre los fieles –colaborando con la gracia del Espíritu Santo– nuevas vocaciones sacerdotales. La oración confiada y perseverante, el amor gozoso a la propia vocación y la dedicación a la dirección espiritual os ayudará a discernir el carisma vocacional en aquellos que Dios llama".

Dirigiéndose luego a los seminaristas, el Santo Padre dijo: "el Papa les anima a ser conscientes de la gran responsabilidad que tendrán que asumir: examinen bien las intenciones y motivaciones; dedíquense con entusiasmo y con espíritu generoso a la formación".

La Eucaristía, continuó, "centro de la vida del cristiano y escuela de humildad y de servicio, debe ser el objeto principal de vuestro amor. La adoración, la piedad y la atención al Santísimo Sacramento, a lo largo de estos años de preparación, harán que un día celebren el sacrificio del Altar con verdadera y edificante unción".
Benedicto XVI dijo luego: "en este camino de fidelidad, amados sacerdotes y diáconos, consagrados y consagradas, seminaristas y laicos comprometidos, nos guía y acompaña la Bienaventurada Virgen María".

"Con Ella y como Ella somos libres para ser santos; libres para ser pobres, castos y obedientes; libres para todos, porque estamos desprendidos de todo; libres de nosotros mismos para que en cada uno crezca Cristo, el verdadero consagrado al Padre y el Pastor al cual los sacerdotes, siendo presencia suya, prestan su voz y sus gestos; libres para llevar a la sociedad moderna a Jesús muerto y resucitado, que permanece con nosotros hasta el final de los siglos y se da a todos en la Santísima Eucaristía", concluyó.
 
 
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