Con profundo pesar de cuantos hemos conocido, y más, hemos convivido con Mons. Ismael Rolón –sus hermanos y hermanas de la extendida Familia y Congregación Salesianas, el Clero, los Religiosos y Religiosas y los incontables Feligreses católicos de todo el país, expresamos con toda el alma nuestro más sincero agradecimiento al Dios de la Vida y de la Resurrección, a nuestra Madre María Auxiliadora, y a nuestro fundador San Juan Bosco, por la extraordinaria vida y vocación apostólica de este muy querido Obispo salesiano y Patriota paraguayo.
Para no abundar ni en palabras ni en elogios, citaré apenas, de las memorias de su Vida, no lejana del centenario, una opinión de quien fue por once años su obispo Auxiliar, Mons. Jorge Livieres, quien escribió: “Fue figura destacada como miembro de la Congregación Salesiana, primero; como Prelado y obispo de Caacupé, después; como Arzobispo de Asunción, finalmente. Le correspondió presidir la Conferencia Episcopal y actuar como Metropolitano en momentos particularmente importantes y difíciles. Grande ha sido el cambio experimentado en esos años por la Iglesia. Difícil es olvidar los gestos firmes y serenos, las actitudes claras y valientes del Arzobispo de Asunción. No será fácil olvidar sus palabras y su actuación en tantas circunstancias comprometidas. Ese es el testimonio de Mons. Rolón, a quien, en alguna ocasión definí, como “un paraguayo de ley y un hombre de fe”.
Los datos que siguen están sacados, de esas “Memorias”, que tituló “No hay camino… ¡Camino se hace al andar!”. Las escribió ya Emérito en 1991, afirmando: “Abarcan un largo tiempo muy conflictivo, para la Iglesia y para la Patria. Surgieron problemas sociales, políticos y religiosos, sobre todo eclesiales. Son un modesto servicio a la Iglesia y al Pueblo”.
Ismael Blas nació en un pueblo, campesino y profundamente misionado por los Franciscanos, del interior del país, Caazapá, el 24 de enero de 1914. A la semana lo bautiza el otro extraordinario Obispo, único para todo el Paraguay, Juan Sinforiano Bogarín… Fueron sus padres los cristianísimos don Ramón Rolón y doña Micaela Silvero Palacios (quien muere cuando él ya era sacerdote, en 1959).
En la Familia, eran nueve hermanos y varios habían elegido ser militares, con honestidad y sin privilegios. Su abuelo fue coronel en la guerra de la Triple Alianza y luchó sin morir hasta Cerro Corá. Su papá un conocido y correcto militar. (El hijo Ismael, a quien el padre lo quería también militar, optó en cambio por ser un batallador sacerdote de Cristo. Monseñor escribió: “La familia es la fuente psicológica, espiritual y religiosa de la personalidad. El papel de los padres es fundamental; consciente o inconscientemente ellos modelan la persona de sus hijos y su futuro. Yo doy infinitas gracias a Dios por haberme dado padres de esta dimensión, y haber nacido en una familia que fue, en todo tiempo: escuela y santuario”.
De Caazapá, donde Ismael tuvo su primera escuela, la familia se traslada a Asunción. En 1926, pasa al muy querido colegio de Salesianito, al cuarto grado. Recuerda: “Cuando entré en el Salesianito, encontré todas esas actividades que me hicieron feliz, a la medida de mis gustos. A más, mis maestros salesianos de entonces, como el pa`i José Cassanello, eran personas extraordinariamente trabajadoras. Vivían todo el día con nosotros y para nosotros. Nos trataban con cariño, “como a hijos”. Me llamaba la atención su vida de amigos entrañables; y eran muy pobres. Pronto me metí en el “pequeño clero”, en los deportes, en la liturgia, y en las lecturas de interesantes libros que nos repartían. Mi mamá hablaba y colaboraba con los sacerdotes “en el oratorio festivo”. Y así me fueron llevando muy bien y yo ya quise quedarme para siempre con ellos…”
En Montevideo: Con sólo trece años de edad, viaja con otros dos compañeritos, hasta Montevideo para ingresar en el Seminario Menor de los salesianos, el Manga”, donde estudia con total dedicación durante cuatro años la latinidad y el bachillerato. En 1931 hace el Noviciado. A los dieciocho años emite los votos religiosos, como “hijo de Don Bosco, consagrado de por vida a Cristo”. Después, por dos años, los estudios filosóficos y uno de magisterio, siempre en Montevideo. Ocho años vivió en el Uruguay. En 1932, estallada la guerra con Bolivia en el Chaco y teniendo dieciocho años, escribe: “Con el permiso de los superiores nos presentamos (con otros dos compañeros paraguayos) en la Embajada Paraguaya de Montevideo para ofrecernos a lo que sea”. El embajador, doctor Dahlquis -conocido educador en nuestra historia-, al saber que éramos seminaristas, nos contestó: “Entonces, sigan preparándose, porque en el Paraguay nunca faltarán soldados para la guerra; en cambio, cuando termine esta guerra, vencidos o vencedores, vamos a necesitar sacerdotes que curen las heridas morales del pueblo”…
Estudios Filosóficos y Licenciatura en Roma. Había recibido una beca “para la Universidad Pontificia Gregoriana, para profundizar Filosofía y Teología, con otro compañero uruguayo, después Provincial salesiano, el P. Pavanetti. En Roma vivió nuevamente “en familia” –la salesiana-, pero dentro de más de un centenar de clérigos jóvenes, de todos los países del mundo. Era la época del Fascismo en Italia. Pero con esa euforia, llegó también la guerra… Y los “superiores de Montevideo creyeron oportuno llamar”, terminada la licenciatura en Filosofía y Letras, a sus dos estudiantes, para que completaran sus estudios nuevamente en América, en la “Docta y católica ciudad de Córdoba, Argentina”
El director de ese teologado, Villada, era el paternal y optimista P. Miguel Raspanti, después obispo de Morón y conocido “maestro de espiritualidad salesiana” y por dos años fue Inspector aquí. Siempre felices fueron los años de formación salesiana para Mons. Rolón, quien recordaba con frecuencia y con optimismo esos años de su juventud…
Fue ordenado sacerdote en Córdoba el 23 de noviembre de 1941 con sus colegas paraguayos Alejo Obelar, después también obispo en nuestro Chaco paraguayo; y el campesino de fuerte liderazgo salesiano, Pa`i Guido Coronel, fundador de la escuela agrícola Carlos Pfannl y creador de la extensa “colonia de Minga Guazú”, en el Alto Paraná. Los tres fueron, pues, ejemplares hijos de Don Bosco…
Su lema, “como una consigna en el proyecto de su futura vida de sacerdote y de obispo” muy sugestivo y programático fue: “En tu nombre, Señor, echaré las redes” como presagiando los mares tempestuosos en que iban a navegar su sacerdocio y su episcopado, en los muy difíciles años que el futuro le depararía! Confiaba, evangélicamente –igual que el audaz pescador de personas, Pedro de Galilea- más en el poder de Jesucristo, Señor de toda vida personal y de la historia que “no tiene caminos, pero en los que el Señor con su poder, nos hace andar”, más, repito, que en la débil fuerza de los hombres, máxime si son convertidos en pescadores en medio de las borrascas del mundo…
En el Colegio “Monseñor Lasagna” de Asunción es nombrado “profesor-sacerdote y luego Director para el siempre difícil mundo juvenil. En esos cargos -y después de un año todavía en Montevideo como profesor de los seminaristas estudiantes de filosofía- es, dice, “repentinamente enviado a su patria (luego de vivir 15 años en otros países) para ser un exigente profesor de diversas asignaturas, y posteriormente “consejero de estudios”, Director de dicho colegio, y en los dos últimos años, Párroco de la influyente parroquia de María Auxiliadora de Asunción. O sea, durante 17 años (de 1943 a 1960) desarrolló su apostolado sacerdotal salesiano en el Paraguay. Él mismo recuerda: “En esos largos años, conviví con extraordinarios salesianos, como los Padres: Elizeche, Juan y José Cassanello, Rogelio Duarte, Vicente Precioso, Isaac y Abrahám González, Adolfo Moleón, Masarino, Cubilla, Richter, Da Rosa, Argüello y los ejemplares Hermanos coadjutores Bongiovanni, Juan González, Severiano Sanz, Bagarotti… y otros muchos”. (En la revolución de 1947, presenció tristes espectáculos, como la muerte de un joven en el colegio por una bala perdida. En 1959, ya director del Lasagna, “asiló en el colegio a un centenar de obreros, golpeados y perseguidos por la terrible policía, en la primera gran huelga en contra de la naciente dictadura. En su bienio de párroco, recuerdan los vecinos que visitaba los lugares más pobres de la gran parroquia María Auxiliadora, como Varadero, Itapytapunta o Tacumbú”).
Primer Prelado de Caacupé: Siempre muy devoto de la Virgen María, el Papa Juan XXIII lo elige como primer Prelado de esa ciudad mariana, capital de la Fe de los paraguayos en agosto de 1960. Dos años después comienza el Concilio Vaticano II, al que asiste Mons. Rolón en sus tres sesiones hasta clausurarse en 1965, con Pablo VI. El 23 de enero de 1966 fue consagrado Obispo de Caacupé. Aquí no vamos a referir los hechos de violencia y amenazas, con el consiguiente cierre momentáneo del templo y la suspensión temporal de la solemne procesión por el valiente Prelado y su clero. Tampoco mencionaremos a las perseguidas Ligas Agrarias. Recordaremos sí, lo que él mismo dice: que hizo un triple trabajo en estos diez años como prelado y obispo de Caacupé: Acciones Pastorales; Trabajos Culturales; y Acción Social. Es de destacar la creación, hasta su inauguración en 1965, del nuevo Seminario diocesano de Caacupé.
Sus 19 años de Arzobispado: Aquí solamente citamos: algunos libros y títulos de su prolífico Magisterio. Y una sucinta lista de sus Acciones Pastorales –serias y valientes en grado máximo- como Obispo-Pastor y de sus luchas por la Verdad, la Justicia, la Libertad y la Solidaridad, como Conciudadano paraguayo.
De su Magisterio decimos: Mons. Rolón fue un hombre sumamente organizado y metódico. Toda su vida, en efecto, y año tras año puede ser conocida por sus propios escritos y crónicas: sus “Memorias” (1991), “Una Iglesia al servicio del Hombre”. Como Arzobispo se imprimió un grueso volumen titulado “La Palabra de nuestro Pastor” con 485 páginas que abarcan: sus Homilías, Celebraciones, Temas sacerdotales y asuntos varios; sus Cartas pastorales; Cartas abiertas; Comunicados de prensa; Entrevistas y Reportajes…
Principales Actividades y Eventos de los 19 años de Arzobispado:
1970: Lee su mensaje de Navidad desde la casa arzobispal, desligado del Palacio de Gobierno.
1971: Después de jurar como Miembro nato del Consejo de Estado, renuncia a asistir a las reuniones, después de consular al clero; y con el fin de “mantener una debida independencia”…
1971: Defensa del P. Monzón; y en el ataque con golpes de policías femeninas del obispo uruguayo Rubio, con las excomuniones de los que actuaron en esa violencia.
Por esos años, cambia el tradicional “Te Deum” –en lugar de un homenaje politizado- por una religiosa “celebración de la Palabra y Oración por la Patria”.
Obtiene, por causa de violencias de parte del gobierno en contra de algunos sacerdotes y laicos, -y con el beneplácito del pueblo- suspender los desfiles en el día de la Patria.
En el caso represivo contra una colonia cristiana de la zona del Jejui, no sólo apoyó el necesario desarrollo social y cultural de la misma, sino que también denunció el asalto policial a tiros y la herida causada al Padre Maciel que dirigía dicha comunidad.
Otras defensas en nombre de la Iglesia se sucedieron en: Valle Apu`a, enfrentamiento de campesinos, heridos y presos con la policía; en Emboscada; y en el ataque en el Barrio Herrera, con la posterior tortura y muerte del joven Mario Schaerer Prono; en la triste intervención y “apaleamiento” en el Colegio Cristo Rey; en la defensa y asilo de las Mujeres huelguistas que se refugiaron en la Nunciatura; en la protesta por el cierre del Diario ABC y Radio Ñandutí; en las defensas con asilo que dio a los políticos perseguidos; en la represión que se dio al Encuentro Obrero Internacional. Las entrevistas que solamente Mons. Rolón pudo lograr para dialogar y después obtener la libertad, tras 25 años, cumplidos, de injusta prisión que soportó el capitán Napoleón Ortigoza, etc.
Ya en el ocaso de la dictadura muchos, recordarán los trabajos de la Conferencia Episcopal Paraguaya, en los años de las mesas organizadas para el esperado Diálogo Nacional.
En 1987, en el lanzamiento de una “nueva evangelización”, los pastores católicos y fieles organizan una testimonial “marcha por la paz”. En ese mismo año, la no menos significativa y eficaz “procesión del silencio”, organizada por la Junta Arquidiocesana de Laicos. Así se demostró que “la fuerza de la paz es más poderosa que la violencia”.
Finalmente, en 1988, acompañó al papa Juan Pablo II en su histórica primera Visita del Papa Juan Pablo II al Paraguay.
En 1989 acontece el sonado Golpe militar y la caída de la Dictadura, con una muy activa presencia posterior de Mons. Rolón en bien de los muertos y heridos, y en los posteriores hechos, que ofreció como siempre el intrépido Arzobispo.
En julio del mismo año, presenta poco antes de cumplir los 75 años de edad, su renuncia de Arzobispo ante el Papa, que poco después la acepta. Y el humilde religioso, vuelve a “su casa paterna”, en el “Oasis de la Escuela y Seminario salesiano de Ypacaraí”. Allí no deja de escribir a favor de la justicia y paz de su querido Paraguay. (Son los varios tomos “Desde mi oasis”).
Hermanos todos: Concluyamos este cordial recuerdo “de Cuerpo presente” ante los restos del eximio Hombre y del apostólico Pastor Ismael Rolón, expresando ante Dios Omnipotente y ante su Madre Santísima, nuestros sinceros sufragios por su Eterno Descanso!
Y a la vez todos -felices por la vida concedida a su hijo Monseñor Ismael Rolón, y alegres por nuestra Esperanza de Cristianos; y de religiosos salesianos que quisiéramos seguir humildemente algunas de sus huellas; y gentes todas de buena voluntad- proclamemos de nuevo la más férvida acción de gracias al Dios Padre de la Vida; al Señor Jesús, “el primero en la Resurrección Gloriosa”; y al Espíritu Santo que por siempre “alienta” a su Santa Iglesia. Gracias infinitas, digo, por todo el bien que ha hecho la Santísima Trinidad a la Iglesia Católica y al Paraguay -que también necesita de “Redención”- a favor de su Ministro y Servidor del pueblo, este bendecido Apóstol del Evangelio y gran Patriota para la Nación. ¡Que así sea! |