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Salesianos de Don Bosco. Paraguay

Entrevista al Rector Mayor, P. Ángel Fernández




ANS | México - Cuando hace tres años asumió como Rector Mayor de los Salesianos, el P. Ángel Fernández Artime, SDB, se hizo un propósito: visitar las presencias salesianas de todo el mundo. Así, ha venido viajando en su papel de décimo sucesor de Don Bosco, convirtiéndose en testigo de primera mano de la situación actual de la Familia Salesiana. El P. Ángel visitó la Inspectoría de México-México.


Por Jesus García, SDB


A tres años de su elección como Rector Mayor, ¿cuáles son sus impresiones respecto a la Congregación y a la Familia Salesiana?

Me permito decir, sin ánimo triunfalista, que la primera gran sensación es: Dios sigue queriendo el carisma de Don Bosco y de nuestra Familia Salesiana para el bien de los jóvenes del mundo.

Recorriendo las 62 naciones que he podido visitar hasta el día de hoy en estos años, sigo maravillándome cada día de todo el bien que se hace, a veces incluso a pesar nuestras limitaciones. Pero el Señor sigue haciendo tanto bien gracias a la Familia Salesiana y a tantos jóvenes que dan tanto de sí mismos en las obras. Entonces, esta es una primera certeza y créanme que a lo largo de estos tres años no solamente no la he puesto en duda, sino que la he confirmado más todavía.

Al mismo tiempo, me atrevería a calificar la marcha de la Congregación y de la Familia Salesiana como un camino de gran serenidad en el que nos seguimos preguntando qué hemos de hacer para seguir respondiendo con fidelidad, pero en un contexto de gran serenidad. Y cuando digo serenidad no digo comodidad, no digo en absoluto querer estar instalados en una zona de confort, al contrario, nos seguimos animando vez por vez, visita tras visita, para responder con gran valentía a esta llamada a la fidelidad que el Señor nos sigue haciendo, especialmente en su Iglesia a través, por ejemplo, de las llamadas valientes que hace el Papa Francisco.

También creo que podríamos hablar de un futuro lleno de esperanza. Sinceramente pienso que no se puede ser creyente en el Señor Jesús, no podemos ser religiosas, religiosos, laicos en nuestra Familia Salesiana, jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano o voluntarias y voluntarios y vivir con una mirada desesperanzada y pesimista. Eso no es salesiano.

Viendo a la Congregación y a la Familia Salesiana con una mirada global, me alegra sentir que en tantos lugares sigue siendo prioridad y es incuestionable la opción preferencial por los más necesitados.

Es también otro de los elementos que tocan mucho mi corazón y que me invitan a seguir a todos en su camino.


¿Cuáles son los desafíos de hoy para los educadores y pastores de corazón salesiano?

Ciertamente tenemos muchos desafíos, porque la vida sigue reclamando y porque la realidad del mundo de hoy no es más fácil que la realidad de, por ejemplo, hace 125 años en México. Diferente sí, pero ni siquiera podríamos decir que más fácil. Creo que un gran desafío sigue siendo el que tuvo Don Bosco en su tiempo: ¿cómo hacer para que, por medio de la educación, nuestros muchachos y muchachas sean realmente mujeres y hombres preparados para la vida y profundamente creyentes?

Este binomio que es tan salesiano —“Buenos cristianos y honrados ciudadanos”— encierra todo: encierra una mirada sobre la mujer y el hombre de hoy, una mirada acerca de los derechos humanos, una mirada respecto de la justicia social, una mirada de cómo educamos para este mundo de hoy de modo que nuestros jóvenes no estén instalados en el confort y en su propia seguridad, sino con una finísima conciencia de que su vida tiene sentido profundo cuando es para los demás y para servir a otros allá donde cada uno encuentre que Dios le llama para estar.

Estos son los grandes desafíos en un mundo que es más violento de lo que nunca habríamos pensado, un mundo donde pareciera que la vida no tiene tanto valor como se dice. Sin embargo, la vida tiene un valor absoluto y sagrado, y no podemos aceptar como viable un mundo violento. Desde el mundo salesiano debemos tener claro que queremos educar para un mundo de paz, para un mundo capaz de buscar una fraternidad porque somos hermanos en un mismo Dios y porque soñamos con un mundo donde la paz sea una realidad, que siente, donde no hay hambre, donde no haya desigualdades, donde no haya quejas, donde no se quite la vida de manera tan fácil. Tiene mucho de utopía, es la utopía del Evangelio y es nuestra utopía.


En este contexto, muchas personas se han acostumbrado a vivir sin Dios, han organizado su vida al margen de Dios y, por lo tanto, se hace a un lado la labor de los religiosos. ¿Qué valor tienen hoy en día el carisma y la espiritualidad salesiana frente a estos escenarios?

Estoy convencido de que el carisma que ha regalado el Espíritu Santo a la Iglesia, el carisma salesiano de Don Bosco y del que la Familia Salesiana no somos dueños, sino depositarios para asegurar la identidad del mismo, es más actual que nunca.

Pensar que 160 años después ya es algo para mirar como un recuerdo es no conocer la realidad de la misión salesiana en el mundo, y diría que la misión salesiana en México. Ya que has hablado de una realidad donde Dios es dejado de lado, subrayaría algo que ya he indicado antes: justamente por eso nuestro carisma es de máxima actualidad, porque siempre habrá jóvenes, muchachos, muchachas, niñas y niños necesitados de muchas cosas, pero especialmente de esos educadores y educadoras que pueden ser también amigos, amigas, hermanos, hermanas, madres, padres. Para eso somos llamados, para preparar la vida mediante el gran instrumento que es la educación. ¿Quieren mujeres y hombres libres? Edúquenlos. ¿Quieren una sociedad más justa? Eduquen a esos ciudadanos.

¿Quieren que podamos vivir en paz? Eduquen mujeres y hombres que entiendan que la paz es un valor absoluto. ¿Cómo no va a ser esto de máxima actualidad? Al mismo tiempo, tenemos un mundo y unas sociedades donde grandes sectores dejan a un lado a Dios —porque sí está, pero su lugar es el de la esfera privada e íntima y dicen que la esfera pública no cuenta para nada—. Bueno, frente a esas tesis, nosotros, creyentes, educadores, educadoras, seguidores del Señor Jesús, consagradas, consagrados y presbíteros, tenemos justamente la misión, recibida del Espíritu, de ser testimonios de este Dios que se intenta silenciar. Esa es nuestra primera vocación porque, por ejemplo en nuestro caso como consagrados, ni siquiera es la de hacer ni trabajar educativa y socialmente, nuestra primera llamada es para que con nuestra manera de vivir, de ser, demostremos y seamos capaces de testimoniar que Dios existe, que Dios ama a los jóvenes y que Dios sigue acompañando la historia de éste, su mundo, vivido desde nuestra libertad, en la que damos pasos a veces tan lentos y a veces tan contradictorios.


En relación a los jóvenes, sin duda en la experiencia de Don Bosco era muy importante que fueran líderes que lograran colocarse como animadores entre sus demás compañeros. ¿Qué podría sugerir a los jóvenes salesianos de México y a aquellos que desean ofrecer un poco de su tiempo animando, acompañando, apoyando a otros muchachos?

Me entusiasma la pregunta porque al hablarle a nuestros jóvenes, a los jóvenes del mundo, a los jóvenes de México, a los jóvenes cristianos y católicos de nuestro México, es para decirles algo que llevo muy en el corazón y que también digo muchas veces: el Señor tiene necesidad de ustedes, mis queridos jóvenes; Don Bosco tiene necesidad de ustedes; los jóvenes que vienen detrás tienen necesidad de ustedes. 

Lo creo profundamente. Estoy convencido de que si algo sigue teniendo los jóvenes de los más variados contextos, porque es propio de su corazón juvenil, es una gran capacidad para la generosidad y para la donación cuando creen que la causa merece la pena. Digo más: cuando quienes hacemos la propuesta somos creíbles, los jóvenes de hoy tienen muchísimo para dar.

Los jóvenes que vienen detrás siguen necesitándolos. ¿Por qué? Por una razón muy sencilla. Pensemos en los jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano.

Los muchachos que vienen detrás tienen derecho a vivir lo mismo que han vivido y que han encontrado en estos lugares que son, por ejemplo, las presencias salesianas en las Inspectorías; tienen derecho a vivir una experiencia de asociacionismo juvenil que les toque el corazón; tienen derecho a vivir un grupo de fe que les ayude a crecer; tienen derecho a sentir que alguien hace una experiencia de adoración y de servicio que también ellos pueden repetir. Y como esto, otras muchas cosas.

Los jóvenes de hoy necesitan experimentar que otros jóvenes viven con valores donde Dios ocupa el centro de las motivaciones por las cuales se vive, se sueña, se lucha se empeña, y todo ello siendo tan jóvenes, dinámicos y alegres. Éste para mí es un punto hermoso de nuestro carisma, de las presencias salesianas en el mundo y de todas las presencias eclesiales. Los jóvenes de hoy son jóvenes para consumir experiencias pastorales, para fortalecerse viviendo algo hermoso y, desde ahí, darse y dar a los demás. 

Es algo evidentemente muy salesiano. Don Bosco enseñaba a los muchachos a vivir haciendo eso en el oratorio con los muchachos que llegaban más tarde, para que fueran realmente protagonistas de su vida, protagonistas de su formación, protagonistas en el arte del servir y el dar. En definitiva, eso es la vocación, porque vocación significa entender la vida como donación y después, en el diálogo con el Señor, preguntarle, ¿qué quieres de mí?


La historia de los salesianos en México comenzó con cinco salesianos y pronto llegaron las Hijas de María Auxiliadora. Les tocó vivir unos primeros años muy difíciles, no sólo porque eran los primeros sino porque vivieron la Revolución Mexicana, que fue muy lenta y complicada. Los tiempos de hoy tampoco son sencillos, ¿qué podría decirnos a los animadores de los jóvenes?

Lo diré muy brevemente: seamos auténticos, creíbles, seamos quienes de verdad tenemos que ser; testimoniemos con nuestra vida el quiénes somos: Salesianos de Don Bosco, Hijas de María Auxiliadora, Salesianos Cooperadores, Voluntarias de Don Bosco, exalumnos, exalumnas y otros muchos grupos. Creo que el México de hoy, la sociedad de hoy, necesita una Iglesia que, como dice el Papa Francisco, sea muy auténtica; una Iglesia que siga testimoniando lo esencial, y lo esencial sigue siendo la fe en Jesús y vivir en sintonía, en coherencia con esa fe, pero pensando en nosotros, en la Familia Salesiana. 

Mi sueño sigue siendo este: que seamos cada vez más auténticos, que viendo cómo vivimos, como nos relacionamos, como es nuestro donarnos, los otros puedan decir: esto merece la pena, puedo sumar mi vida y mis esfuerzos como laico o como consagrado a esta manera de vivir y entender la vida, porque los veo llenos de sentido, los encuentro felices, viven donándose, no se tiene una vida mediocre, sino una vida apasionada en el darse.

Miren, mis queridos hermanos, mi querida Familia Salesiana, nuestro mundo de hoy más que nunca necesita estos desafíos, que tienen en sí mismos mucho de metas de largo alcance. En un mundo donde pareciera que todas las utopías han caído, que las grandes utopías ya no están en el espacio público, tiene una fuerza enorme el valor del testimonio personal, debemos creerlo porque es absolutamente así. 

Este sería mi deseo para nosotros salesianos y para la Familia Salesiana aquí en México: autenticidad, credibilidad, pasión educativa y evangelizadora, opción por los más necesitados. Esto no cambia, esto solamente nos da gran cantidad carismática. Y no dependerá de las modas de turno, porque en esto encontramos los elementos de nuestra identidad. Lo creo profundamente y lo veo así en el mundo salesiano.

A propósito de modas y tendencias, en Europa también se vive una situación complicada en lo que se refiere al tema de la migración. Se han presentado casos de odio racial, étnico e incluso religioso. América como continente no está exento. ¿Cree que América Latina pueda vivir algo semejante?

Ninguno de nosotros estamos exentos del peligro de querer “defendernos y protegernos”. No es un fenómeno único en la vieja Europa, aun cuando ésta necesita tanto de los migrantes, que son una mano de obra muchas veces muy cualificada. Muchos países tienen millones de trabajadores que no son nacidos ahí y, por ejemplo, ahora con el Brexit en Inglaterra, si todos los no ingleses tuvieran que dejar automáticamente el trabajo en Inglaterra, sería un auténtico caos, una auténtica quiebra del sistema. ¿De qué habla esto? Habla de que desde siempre los países se han ido construyendo gracias a la riqueza de todos los que los han ido formando, algo que en unos casos ha sido más evidente que en otros. Podemos poner el caso de Argentina, que se fue construyendo desde una llamada a pueblos del mundo que pacíficamente quisieran también habitar el país.

África no está exenta de este problema. Hay mucha violencia tribal en África. Asia no está exento de este racismo. América Latina y América del Norte con Estados Unidos no están exenta de ninguna manera. En todo caso, puede haber flujos migratorios más o menos fuertes. Ya vemos, por ejemplo, cómo la migración de tantos haitianos estaba siendo un fuerte problema en Panamá no hace mucho, y luego fue un problema que llegó a México. Vimos cómo la frontera en el norte se convirtió realmente en el gran muro. Pareciera que no hace falta levantar otros muros cuando ya de por sí hay un muro que frena.

Es un tema, además, sobre el que no siempre es agradable hablar, pero yo les digo: hablémoslo, tenemos que hablarlo, debemos denunciar lo que es falso, lo que encierra mentiras. Las políticas de protección en el fondo encierran también muchos detalles. ¿Puede ocurrir en América Latina? Yo les diría: está ocurriendo en América Latina. No ha sido un clamor como en Europa, que a mí me duele profundamente porque el movimiento migratorio viene golpeado por el hecho de que algunos locos buscan simplemente derramar sangre y hay quien se sirve de este elemento para decir: “Todos los que emigran son potencialmente peligros y enemigos”.

Esto también es radicalmente injusto, pero añado un elemento más. Quizá no todos los paísesdel mundo lo habrán vivido por igual, tendríamos que profundizarlo, pero yo me permitiría lanzar este desafío: díganme, ¿cuáles de los países conocidos no ha tenido un tremendo flujo migratorio? ¿Qué países no se han formado gracias a la migración de mucha gente? ¿Qué países no han tenido emigrantes entre sus habitantes? Hablemos de Europa: Portugal, España, Francia, Italia, la Alemania de la posguerra y podríamos seguir. Olvidarnos de la historia sería muy grave, y olvidarnos de la propia historia lleva a pensar que somos diferentes, cuando no lo somos. Ahora doy un elemento más: podemos intentar organizarnos para ayudarnos en todos los movimientos migratorios, pero éste es un derecho humano reconocido como tal y contemplado desde que el mundo es mundo y desde que el ser humano empezó a ser tal. 

Por tanto, ¿de qué estamos hablando? Hago aquí una llamada, fuerte y pública, para que nuestra Familia Salesiana en el mundo, y nuestra Familia Salesiana en México, se distinga justamente por esto, por estar atentos al hecho de que corremos el peligro de defender los mismos valores antievangélicos de otra gente que no tiene nada que ver con el mundo de los valores que nosotros decimos poseer y defender. Por lo tanto, también en esto debemos diferenciarnos, debemos distinguirnos y también hay que reconocer que ser Familia Salesiana significa ver el mundo y la acogida de los otros como algo diferente, como hermanos y hermanas que están en situación de fragilidad y que nos pueden necesitar. Lo creo también profundamente.








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